Dinámica del Capital: Del Ciclo de Valorización Marxista a las Formas Contemporáneas de Acumulación
En el Modo de Producción Capitalista, la dinámica de valorización del valor-capital, está condicionada por los tiempos, costos y límites de producción en su forma de capital productivo P… (M + m), y sus tiempos, costos y límites de circulación en sus formas de capital dinerario (D – MP / FT) y capital mercancía (M´). En estos dos momentos estratégicos, es imprescindible la generación y apropiación del plusvalor para garantizar un proceso dinámico y contradictorio de acumulación y reproducción ampliada del valor-capital.
La teoría económica marxista sobre el proceso de valorización del valor-capital, expuesta principalmente en el Libro II de El Capital, se centra en cómo el valor-capital, en el Modo de Producción Capitalista (MPC) recorre diversas fases para valorizarse, es decir, valorizar el valor-capital. En el proceso de valorización el valor-capital en el MPC no permanece estático, sino que pasa por un ciclo continuo de valorización. El objetivo es transformar el valor inicial en un valor aumentado, es decir, generar plusvalor. En este proceso cíclico, el valor-capital aparece como capital dinerario, luego como capital productivo, y, por último, como capital mercantil.
El Capital Dinerario (D) comienza en forma de dinero (D), que se invierte en medios de producción (MP) y fuerza de trabajo (FT). La relación D-FT es clave en la producción capitalista porque la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía. El Capital Productivo (P) el capital dinerario se convierte en capital productivo, y durante el proceso de producción, genera un nuevo valor (M + m), es decir, mercancía con plusvalor (M’). En el Capital Mercantil (M’) el capital productivo se transforma en mercancía (M’), que incluye tanto el valor inicial como el plusvalor generado. Esta mercancía se vende, retornando a la forma dineraria incrementada (D’), completando así el ciclo.
La rotación del valor-capital está determinada por el tiempo de producción (tiempo durante el cual el capital está en el proceso productivo); y, su tiempo de circulación (cuando el capital está transformándose en mercancía y siendo vendido en el mercado). La velocidad de rotación del valor-capital – desde su lógica de valorización y expansión – está condicionada por el número de rotaciones al año, provocando con ello, cambios en las composiciones y magnitudes del capital fijo y del capital variable, y con ello, cambios en el proceso de valorización del valor-capital en cada ciclo. Por ello, los capitalistas deben reducir al máximo los tiempos y costos de circulación del capital como un tiempo improductivo (se refiere a cuánto tiempo el capital permanece en las fases de compra de insumos y venta de mercancías), para evitar reducciones en la masa de plusvalor apropiado.
Marx en Guerrero (2008) señala que, durante este tiempo, el valor-capital no se valoriza, y por ello, los capitalistas buscan minimizarlo para maximizar el tiempo en el que el valor-capital está en producción. Los costos de circulación (como el transporte y almacenamiento) también impactan en el plusvalor neto que el capitalista puede obtener. Durante el proceso de valorización, una de las formas de existencia del valor-capital circulante es el capital variable. Su rotación es crucial, ya que, cuanto más rápido rota el capital variable, más veces puede el capitalista explotar la fuerza de trabajo y generar plusvalor. Esto influye directamente en la tasa de plusvalor, ya que un número mayor de rotaciones en un año aumenta la cantidad total de plusvalor generado sin necesidad de aumentar el capital adelantado inicialmente.
El proceso de valorización del valor-capital, influenciado por su velocidad de rotación entre sus formas dineraria, productiva y mercantil; así como por los costos y los tiempos de su rotación; permiten que una parte del plusvalor se reinvierte para aumentar la escala de producción. Esto implica la acumulación de capital, donde el plusvalor se transforma en capital adicional (tanto constante como variable), permitiendo una producción a mayor escala en ciclos futuros. La acumulación no ocurre solo en el nivel individual, sino que también es un proceso a nivel del capital social global. El capitalista individual no acumula de manera aislada, sino como parte de un entramado en el que interactúan múltiples capitalistas y sectores de la economía. Esta interrelación es clave para la reproducción ampliada, que se basa en la expansión continua del capital en toda la sociedad capitalista.
Marx en Guerrero (2008) resalta que el capital no debe entenderse como algo estático, sino como un proceso cíclico y dinámico, siempre en movimiento. La acumulación es inherente a este proceso, y se manifiesta en la tendencia continua del valor-capital a expandirse. La contradicción capitalista se encuentra en que, mientras busca la valorización, también provoca crisis debido a las limitaciones del tiempo de circulación, los costos, y la sobreproducción.

En el capitalismo de vigilancia, según Zuboff (2019), este proceso evoluciona. Si bien el objetivo sigue siendo la generación de plusvalor, la mercancía tradicional (productos físicos o servicios) es reemplazada en gran medida por un nuevo tipo de mercancía: los datos personales y conductuales. Las empresas digitales, como Google y Facebook, no dependen de la compra directa de medios de producción físicos o de fuerza de trabajo como lo haría una fábrica tradicional. En cambio, capturan datos sobre el comportamiento de los usuarios y los comercializan como un nuevo tipo de mercancía. En el capitalismo de vigilancia, el capital comienza con una inversión en infraestructura digital, como servidores y software, necesarios para captar y procesar grandes cantidades de datos de usuarios. Este es el equivalente a la fase de capital dinerario (D) en el proceso marxista, pero con un enfoque particular en tecnología y plataformas en lugar de medios de producción tradicionales. Las plataformas utilizan este capital para atraer usuarios a sus ecosistemas digitales, donde su comportamiento es monitoreado y registrado. En lugar de contratar grandes masas de trabajadores para producir mercancías, el capital se emplea en tecnologías que permiten la captura automática de datos de los usuarios, generando un nuevo tipo de mercancía: la información conductual.
En la teoría marxista, el capital productivo (P) es donde se genera el plusvalor a través del trabajo. En el capitalismo de vigilancia, la información capturada de los usuarios es el equivalente al proceso productivo. Las plataformas digitales procesan, analizan y refinan los datos personales, generando perfiles de comportamiento y modelos predictivos que son luego vendidos o utilizados para mejorar los algoritmos publicitarios. Este proceso de análisis de datos puede considerarse una forma de producción, donde el capital tecnológico y algorítmico transforma los datos en valor comercializable. Aquí, el plusvalor no proviene de la explotación directa del trabajo asalariado, sino de la explotación de los comportamientos humanos como fuente de información valiosa. El resultado de este proceso es el capital mercantil (M’), donde los datos refinados y procesados se venden a terceros (como anunciantes) o se utilizan para dirigir publicidad personalizada, logrando la monetización de esos datos. El mercado es el de la economía de la atención, donde los datos y el comportamiento de los usuarios se comercializan para generar ingresos adicionales. Este ciclo se repite continuamente, con las plataformas capturando más datos para generar más valor. En la teoría económica marxista, la rotación del capital depende de la eficiencia con la que se produce y vende una mercancía. En el capitalismo de vigilancia, la rotación del capital se acelera debido a la capacidad de las plataformas digitales de capturar y procesar datos de manera casi instantánea. Cuanto más rápido se pueden capturar y analizar los datos, más rápido puede la plataforma generar plusvalor. Esta eficiencia es mucho mayor que en la producción física de bienes, ya que los datos son virtuales y no tienen las mismas limitaciones físicas que las mercancías tradicionales. El número de rotaciones del capital en un periodo es crucial en el capitalismo de vigilancia, ya que cuanto más frecuente es el uso de la plataforma por parte de los usuarios, más datos se generan y, por lo tanto, más rápido se puede capitalizar ese valor. En el capitalismo de vigilancia, hay una clara transformación en las composiciones de capital fijo y capital variable. El capital fijo se invierte en infraestructura digital, como servidores, algoritmos y tecnología de procesamiento de datos, en lugar de maquinaria tradicional. El capital variable, en lugar de estar ligado principalmente a la contratación de trabajadores, está cada vez más asociado con la gestión de la información y la programación de algoritmos que maximizan la captura de datos. Este cambio es crucial en el proceso de valorización, ya que, a diferencia del capitalismo industrial, donde el crecimiento del capital dependía de la explotación directa de la fuerza de trabajo, en el capitalismo de vigilancia el crecimiento se basa en la explotación de la información y los comportamientos de los usuarios.

La teoría marxista del proceso de valorización del capital y las ideas sobre el capitalismo rentista de Christophers (2020) se relacionan a través de la evolución de las formas de acumulación de capital. En ambos casos, el objetivo central es la valorización del valor-capital, pero difieren en el mecanismo a través del cual este se obtiene: en el capitalismo clásico mediante la producción de mercancías, y en el capitalismo rentista a través de la extracción de rentas. En el capitalismo rentista, el proceso de acumulación de capital se ha transformado. La acumulación ya no depende de la producción directa de mercancías, sino que se basa en la explotación de activos clave que permiten extraer rentas, como la propiedad intelectual, los recursos naturales y el capital inmobiliario. A diferencia del ciclo marxista de valorización, donde el capital genera plusvalor mediante la circulación de mercancías, el capitalismo rentista se enfoca en monopolizar activos y derechos exclusivos para capturar valor sin necesidad de pasar por un proceso de producción. Este cambio implica que el capital se valoriza a través de la posición de poder sobre los activos en lugar de la rotación del capital productivo. Por ejemplo, en lugar de invertir en la producción de bienes, las empresas rentistas extraen valor a través de alquileres, licencias de propiedad intelectual, regalías sobre patentes, y otras. Así, el capitalista rentista no necesita transformar el capital en mercancías productivas para valorizarlo, sino que obtiene el plusvalor directamente de los pagos por el uso de estos activos. En el capitalismo rentista, el capital dinerario se invierte en la adquisición de derechos exclusivos sobre un activo, y no necesariamente en la producción. Esto significa que el capital rentista no se convierte en capital productivo en el sentido marxista tradicional, donde el capital debe pasar por la producción de mercancías. En lugar de ello, los activos adquiridos (por ejemplo, tierras, patentes, o licencias) permiten generar ingresos recurrentes sin necesidad de transformar capital en mercancías productivas.
En la teoría de Marx, la rotación del capital es crucial para la valorización. El número de rotaciones del capital por año determina la eficiencia con la que se produce plusvalor: cuanto más rápido se rota el capital, más veces genera valor en un periodo determinado. En el capitalismo rentista, la rotación del capital se desacelera, ya que los activos rentistas no están sujetos a la misma necesidad de pasar por el ciclo de producción y circulación de mercancías. En cambio, el ritmo de acumulación se basa en contratos a largo plazo, monopolización de recursos y derechos de uso exclusivos, que generan un flujo constante de ingresos por un periodo prolongado, independientemente de las fluctuaciones en la producción o la venta de bienes. Este modelo de acumulación es menos dinámico, ya que el capital invertido en la compra de activos clave no se rota de manera continua como en el modelo marxista, sino que se mantiene en su forma inicial mientras genera rentas pasivas. Por ejemplo, en el caso de los bienes raíces o las patentes, una vez adquiridos, estos activos producen ingresos mediante alquileres o regalías sin necesidad de que el capital se recicle de forma activa en nuevas inversiones productivas.
En la teoría económica de Marx, el capital fijo (maquinaria, infraestructura) se desgasta gradualmente durante el ciclo de producción y transfiere su valor a los productos. En el capitalismo rentista, el capital fijo adopta una forma diferente: se centra en activos como el capital inmobiliario o la propiedad intelectual, que no se desgastan de la misma manera, sino que mantienen su capacidad de generar ingresos de manera prolongada. En lugar de transferir su valor a través de la producción de mercancías, los activos rentistas retienen su valor y lo amplifican al controlar el acceso a ellos, garantizando una fuente de ingresos continua sin el desgaste que experimenta el capital fijo en el ciclo productivo. Por ejemplo, un propietario de tierras no necesita que su propiedad pase por un proceso de producción; simplemente cobra renta por el uso del suelo. De manera similar, una empresa que posee derechos sobre una patente cobra regalías por el uso de su propiedad intelectual sin necesidad de producir directamente la mercancía asociada.
En la teoría de Marx, el plusvalor se genera en el proceso de producción, a través de la explotación de la fuerza de trabajo. En el capitalismo rentista, la valorización del valor-capital no proviene de la producción directa, sino de la extracción de rentas sobre los activos monopolizados. En este sentido, la explotación no se ejerce directamente sobre los trabajadores en un proceso de producción, sino sobre aquellos que dependen del acceso a los activos rentistas (inquilinos, usuarios de patentes, consumidores de recursos naturales). Esto implica una transformación fundamental en la fuente del plusvalor: mientras que el capitalismo industrial de Marx dependía de la explotación del trabajo, el capitalismo rentista depende de la explotación del acceso a los activos clave. Esto da lugar a una economía basada en monopolios y derechos exclusivos, donde el control sobre los recursos garantiza el flujo de ingresos, en lugar de la capacidad de producir mercancías a bajo costo.

En el capitalismo de plataforma, Srnicek (2017) sostiene que las plataformas digitales como Amazon, Uber y Airbnb han transformado el ciclo de valorización del capital al enfocarse no en la producción directa de mercancías, sino en la gestión de la infraestructura de intercambio. Estas plataformas actúan como intermediarios que facilitan la circulación de capital y capturan valor sin participar activamente en la producción.
Esta transformación se puede relacionar con la fase de capital mercantil (M’) en la teoría de Marx. En lugar de invertir en la producción de mercancías, las plataformas digitales externalizan los costos y riesgos de producción a terceros (proveedores, conductores, vendedores), mientras controlan y gestionan el flujo de información, datos y transacciones. En este sentido, las plataformas valorizan el valor-capital al facilitar el intercambio y el uso de la infraestructura digital que gestionan.
En el proceso tradicional de valorización del capital, el capital productivo (P) se convierte en el lugar donde se genera el plusvalor, a través de la explotación de la fuerza de trabajo y los medios de producción. Sin embargo, en el capitalismo de plataforma, este proceso de producción es externalizado. Las plataformas digitales no poseen los medios de producción ni emplean directamente la fuerza de trabajo que produce las mercancías o servicios; en cambio, intermedian y gestionan las transacciones, capturando el valor generado por los terceros que usan su infraestructura. Por ejemplo: Uber no posee los autos ni emplea a los conductores, pero captura valor al gestionar las interacciones entre conductores y pasajeros. Amazon actúa como un intermediario que facilita la venta de productos de terceros, capturando valor mediante comisiones y controlando la infraestructura logística. Este fenómeno se puede entender como una evolución de la fase mercantil en el ciclo de valorización, donde las plataformas digitales no producen directamente, sino que monetizan la circulación de mercancías y servicios. En lugar de convertir capital dinerario en capital productivo para crear mercancías, estas plataformas gestionan la circulación de capital, cobrando por el uso de su infraestructura y generando ingresos a través de comisiones, tarifas y el control de datos.
En la teoría marxista, la rotación del capital está determinada por la rapidez con la que el capital puede transformarse en mercancía y volver a la forma dineraria incrementada. En el capitalismo de plataforma, la velocidad de rotación del capital es fundamental para maximizar la valorización, pero se ha acelerado significativamente debido a la naturaleza digital de las plataformas. Las plataformas aceleran la rotación del capital al: facilitar transacciones en tiempo real; digitalizar la circulación de mercancías y servicios; y reducir los costos de transacción y tiempo de producción mediante la externalización. Por ejemplo, Airbnb puede conectar a millones de usuarios y propietarios de inmuebles de manera instantánea, sin necesidad de construir o poseer infraestructura hotelera. Esta capacidad de facilitar la circulación rápida y de escala sin aumentar los costos fijos tradicionales (como construir hoteles o contratar empleados directamente) les permite capturar valor más rápidamente y optimizar la rotación del capital.
En el capitalismo de plataforma, hay una reconfiguración en las composiciones de capital fijo y capital variable. En el modelo marxista clásico, el capital fijo incluye medios de producción (como fábricas o maquinaria), mientras que el capital variable es el costo de la fuerza de trabajo. Sin embargo, en las plataformas digitales, el capital fijo se centra en la infraestructura tecnológica, como servidores, software y algoritmos, que gestionan las transacciones y optimizan el uso de datos. El capital variable se reduce porque las plataformas externalizan gran parte del trabajo a terceros, lo que reduce los costos laborales directos. Por ejemplo, Amazon invierte en centros de datos y tecnología para gestionar su plataforma, pero externaliza una gran parte de la producción y logística a vendedores y servicios de entrega independientes. Este cambio en la estructura de costos les permite a las plataformas capturar más valor con menos inversión en producción directa.
En el capitalismo de plataforma, la captura de datos se convierte en una fuente clave de valorización del valor-capital. Las plataformas digitales no solo gestionan la infraestructura de intercambio, sino que también recopilan y analizan datos generados por los usuarios y proveedores. Estos datos se transforman en una mercancía en sí misma, que puede ser vendida o utilizada para mejorar los algoritmos y optimizar la eficiencia de la plataforma. Este proceso de generación de plusvalor basado en datos refleja un cambio en la fase productiva del ciclo de valorización marxista. Mientras que en la producción tradicional el plusvalor surge de la explotación directa del trabajo, en el capitalismo de plataforma, el valor se genera a través de la explotación de los datos y la optimización algorítmica. Así, las plataformas capturan valor no solo a través de la intermediación, sino también mediante el control de la información y la gestión de los comportamientos de los usuarios.

El capitalismo gestor de activos, descrito por Braun (2022), introduce una transformación significativa en el ciclo de valorización del capital. En lugar de producir mercancías a través de la explotación de la fuerza de trabajo y los medios de producción, los grandes gestores de activos (como BlackRock y Vanguard) manejan el capital financiero de manera abstracta, controlando acciones, bonos y otros títulos financieros, y determinando el destino de las empresas mediante sus inversiones. Esto implica una disociación del capital fijo de los medios de producción tradicionales, como fábricas o maquinaria, y una conversión del capital fijo en activos financieros. En este modelo, el capital no pasa por un ciclo de producción tradicional, sino que se centra en la acumulación financiera y la gestión de activos, donde el capital se valoriza a través de la posesión de acciones y bonos y la influencia en las decisiones corporativas, sin necesidad de controlar directamente los procesos de producción.
En el modelo marxista, el capital dinerario se invierte en medios de producción y fuerza de trabajo para convertirse en capital productivo, donde se genera el plusvalor. En el capitalismo gestor de activos, el capital dinerario no se transforma directamente en medios de producción, sino en activos financieros, como acciones y bonos. Estos activos permiten a los gestores de capital influir sobre las empresas, pero sin necesidad de participar en la producción o en la creación directa de mercancías. El capital productivo en este contexto es abstracto, ya que los gestores de activos no están interesados en la producción de bienes o servicios, sino en maximizar la rentabilidad financiera. La producción y el trabajo se convierten en un medio indirecto para el capital financiero, que genera plusvalor a través de la manipulación de portafolios de inversión y la gestión de riesgos financieros. En lugar de preocuparse por la producción de mercancías con plusvalor (M’), el objetivo es la revalorización de los activos financieros y el aumento del valor de las acciones que poseen.
Una de las transformaciones clave que introduce Braun es la disociación del capital fijo de los medios de producción tradicionales. En el modelo de Marx, el capital fijo está compuesto por maquinaria, fábricas y otros medios de producción que transfieren valor al producto final a lo largo del tiempo. Sin embargo, en el capitalismo gestor de activos, el capital fijo se convierte en activos financieros, lo que significa que el valor ya no se transfiere a través del ciclo productivo tradicional. El capital variable, que en Marx representa el costo de la fuerza de trabajo, se reduce en el capitalismo de gestión de activos a decisiones financieras. Los gestores de activos no controlan directamente la contratación de trabajadores ni los medios de producción, sino que priorizan la rentabilidad sobre la inversión productiva. Esto significa que las decisiones sobre el capital variable se toman a nivel financiero: los gestores influyen sobre las políticas laborales de las empresas a través de su poder accionario, buscando maximizar las ganancias y reducir los costos laborales, sin involucrarse directamente en la producción.
En la teoría marxista, el capital mercantil (M’) representa las mercancías producidas con plusvalor que deben circular en el mercado para generar más capital dinerario (D’). En el capitalismo gestor de activos, la fase de circulación mercantil es reemplazada por la circulación financiera. En lugar de generar plusvalor a través de la venta de mercancías, los gestores de activos valorizan el valor-capital a través de la compra y venta de activos financieros. La rotación del capital también cambia. En lugar de depender del tiempo de producción y circulación de mercancías, la rotación del capital financiero se acelera a través de los mercados financieros globales, donde las transacciones pueden ocurrir en tiempo real. Esto significa que el capital puede rotar mucho más rápido en el capitalismo de gestión de activos, ya que las inversiones financieras no requieren los mismos tiempos de producción y circulación que las mercancías físicas.
En el modelo marxista, el plusvalor se genera a través de la explotación de la fuerza de trabajo en el proceso productivo. En el capitalismo gestor de activos, la valorización del valor-capital no se genera directamente en la producción, sino a través de la valoración de activos financieros. Los gestores de activos influyen en las empresas para maximizar la rentabilidad, lo que puede implicar reducir costos laborales, externalizar la producción o aumentar los dividendos a los accionistas. La valorización del valor-capital se obtiene a través de la apreciación de los activos y el rendimiento de las inversiones. En lugar de extraer plusvalor a través del trabajo asalariado directo, los gestores de activos obtienen rentabilidad al gestionar y manipular el capital financiero en los mercados globales, donde el valor de las acciones y los bonos aumenta en función de la especulación y la inversión estratégica.
El capitalismo gestor de activos representa una nueva etapa en la evolución del proceso de valorización del capital descrito por Marx. Mientras que el capital productivo y la producción de mercancías eran centrales para la valorización en el capitalismo clásico, en el capitalismo financiero actual, la valorización se logra a través de la gestión de activos financieros. Los gestores de capital como BlackRock y Vanguard tienen un poder inmenso sobre las empresas y la economía global, pero sin participar directamente en la producción de bienes.
Este sistema refleja un cambio estructural donde el capital se disocia de la producción directa, lo que transforma las relaciones tradicionales de capital fijo y variable. La lógica de la valorización sigue siendo la misma: generar plusvalor a partir del capital dinerario, pero los medios de acumulación han cambiado, priorizando las decisiones financieras y la especulación sobre los mercados en lugar de la inversión en la producción de mercancías.

En lo que se refiere a la explotación de la fuerza de trabajo en el ciclo de valorización del capital, Azmanova (2020) destaca la aparición de una precariedad estructural que afecta a los trabajadores. Esta precariedad es el resultado de la intensificación de las lógicas capitalistas de valorización del capital que Marx describe. La búsqueda de maximizar el plusvalor en el menor tiempo posible ha llevado a la externalización de riesgos (delegar a otras empresas partes clave de sus operaciones, como la producción, la contratación de empleados, los beneficios sociales, etc.), y la desregulación del mercado laboral, lo que ha profundizado la inseguridad laboral. En lugar de garantizar empleos estables, el capitalismo actual reduce los costos laborales mediante el uso de contratos temporales, empleos a tiempo parcial y formas de trabajo flexible. Esta precariedad está vinculada al capital variable en la teoría marxista. En el capitalismo clásico, el capital variable es el costo de la fuerza de trabajo, que es explotada para generar plusvalor. En el capitalismo contemporáneo, tal como lo describe Azmanova, este capital variable se ha reducido aún más, ya que los trabajadores se enfrentan a salarios bajos y condiciones laborales inseguras, lo que permite a los capitalistas maximizar la extracción de plusvalor sin ofrecer estabilidad ni derechos laborales.
En el proceso de valorización descrito por Marx, la fuerza de trabajo es central para la generación de plusvalor. Sin embargo, el capitalismo contemporáneo ha externalizado la producción, y las empresas buscan reducir sus costos laborales y aumentar la flexibilidad. Esta lógica sigue la tendencia descrita por Marx, donde el capitalista busca minimizar los costos laborales para maximizar su tasa de explotación y la valorización del capital.
La precariedad laboral que señala Azmanova es un reflejo directo de esta tendencia, en la que los trabajadores, al ser externalizados o subcontratados, enfrentan mayores niveles de incertidumbre. El proceso de valorización, por lo tanto, continúa funcionando a través de la explotación del trabajo, pero en lugar de explotar una fuerza de trabajo estable, el capitalismo contemporáneo explota a una fuerza de trabajo cada vez más fragmentada y vulnerable.
La rotación del capital, según Marx, está determinada por el tiempo de producción y el tiempo de circulación. Cuanto más rápido es el ciclo de rotación, más eficiente es la generación de plusvalor. En el capitalismo actual, la precariedad estructural es una herramienta para acelerar la rotación del capital. Al emplear trabajadores en condiciones laborales inestables, los capitalistas pueden ajustar sus costos laborales de acuerdo con las fluctuaciones del mercado, sin asumir el riesgo de mantener una fuerza laboral permanente.
La flexibilidad que ofrece la precariedad laboral permite a las empresas capitalistas responder más rápidamente a los cambios en la demanda y reducir los tiempos muertos en el proceso de producción, lo que incrementa la velocidad de rotación del capital y, con ello, la capacidad de valorización. Este es un reflejo directo de la lógica marxista de maximizar el número de rotaciones del capital por año, ajustando las composiciones del capital fijo y variable según las necesidades de cada ciclo. El capital variable, que en la teoría de Marx representa los salarios pagados a los trabajadores, ha sido transformado en el capitalismo contemporáneo. En el modelo clásico, el capital variable era explotado directamente en el proceso productivo. Sin embargo, como señala Azmanova (2020), el capitalismo actual se basa en la reducción y fragmentación del capital variable mediante la precariedad estructural. Esto significa que los trabajadores no solo reciben salarios más bajos, sino que también pierden derechos laborales y estabilidad, lo que maximiza la capacidad del capitalista de obtener plusvalor. La inestabilidad laboral facilita la flexibilidad de la explotación. En este sentido, la lógica marxista de la generación de plusvalor se mantiene intacta en el capitalismo contemporáneo, pero las condiciones de trabajo han cambiado drásticamente. El capitalismo flexible y precarizado maximiza la explotación de la fuerza de trabajo al reducir los costos laborales al mínimo, generando más plusvalor sin tener que invertir en la fuerza de trabajo de manera estable o a largo plazo.

En el capitalismo caníbal Fraser (2022) amplía la dinámica marxista de valorización del valor-capital, al señalar que, en el capitalismo caníbal, el proceso de acumulación de capital no se limita solo a la explotación de la fuerza de trabajo para generar plusvalor. Desde su lógica autodestructiva, el capitalismo comienza a depredar sistemáticamente todos los recursos que sostienen tanto la producción como la reproducción social, destruyendo las bases sobre las cuales puede continuar acumulando. Este canibalismo se manifiesta en varios niveles. La explotación desenfrenada de la naturaleza (por ejemplo, deforestación, extracción minera, contaminación) no solo genera plusvalor en el corto plazo, sino que erosiona las bases ecológicas necesarias para la producción futura. En este sentido, el capital no se detiene en los límites ecológicos, sino que los devora, provocando crisis ambientales que comprometen la sostenibilidad a largo plazo del propio sistema capitalista. Fraser argumenta que el capitalismo caníbal también despoja a las comunidades de las estructuras de apoyo social que permiten la reproducción de la fuerza de trabajo. La desinversión en servicios públicos, el debilitamiento del estado de bienestar y la privatización de sectores clave como la salud, la educación y el cuidado, significan que el capital explota la reproducción social sin garantizar las condiciones mínimas para la supervivencia de los trabajadores y sus familias. Esto conduce a una mayor precarización de la vida, despojando a los trabajadores de las protecciones necesarias para mantener su capacidad productiva. Destrucción de la política democrática. El capitalismo caníbal también socava la democracia al subordinar las instituciones políticas a los intereses del capital. El poder del capital financiero y corporativo sobre los gobiernos lleva a que las políticas se orienten a favorecer la acumulación de capital, en lugar de proteger los derechos de los ciudadanos. Este canibalismo político implica la erosión de las estructuras democráticas que deberían limitar el poder del capital y proteger las condiciones sociales necesarias para una vida digna. El capitalismo caníbal tiene implicaciones directas sobre el proceso de valorización del capital. Fraser señala que la valorización ya no depende únicamente de la explotación del trabajo asalariado en el proceso productivo, sino que el capitalismo también se apropia y consume otros recursos clave, como la naturaleza, las infraestructuras sociales y políticas, de una manera destructiva.
Mientras que en la teoría marxista clásica el capital se valoriza mediante la explotación del trabajo en ciclos repetitivos, en el capitalismo caníbal este proceso de valorización se vuelve autodestructivo. El capital se apropia de manera indiscriminada de recursos ecológicos y sociales que son finitos, destruyendo las condiciones necesarias para su propio funcionamiento. El agotamiento de estos recursos genera crisis recurrentes, ya que el capital, en su afán de maximización, no puede reponer lo que ha destruido. En el capitalismo caníbal el debilitamiento de las condiciones de reproducción social (salud, educación, cuidado, servicios básicos), afecta la capacidad de la fuerza de trabajo para mantenerse y reproducirse.
A Manera de Síntesis
En el Modo de Producción Capitalista, la dinámica de valorización del valor-capital, está condicionada por los tiempos, costos y límites de producción en su forma de capital productivo P… (M + m), y sus tiempos, costos y límites de circulación en sus formas de capital dinerario (D – MP / FT) y capital mercancía (M´). En estos dos momentos estratégicos, es imprescindible la generación y apropiación del plusvalor para garantizar un proceso dinámico y contradictorio de acumulación y reproducción ampliada del valor-capital.
En el capitalismo de vigilancia, el valor-capital impulsado por su voraz afán de acumulación, convierte la conducta de los ciudadanos como usuarios de las empresas digitales, en nueva fuente de valorización del valor-capital, a partir de la comercializan de los datos personales como nuevas formas social-históricas desarrolladas de valor de cambio y de uso, y, por tanto, la información conductual como nueva mercancía. Las plataformas y tecnologías substituyen las factorías. Convierten los datos e información conductual en formas digitales de existencia del valor. Los usuarios de las plataformas generan y reproducen el proceso de valorización del valor-capital, a partir de la monetización de sus datos. Los costos, tiempos y límites de la valorización se reducen drásticamente, provocando con ello, la virtualización de la valorización del valor-capital.
En el capitalismo rentista la acumulación ya no depende de la producción directa de mercancías, sino que se basa en la explotación de activos clave que permiten extraer rentas, como la propiedad intelectual, los recursos naturales y el capital inmobiliario. Este cambio implica que el capital se valoriza a través de la posición de poder sobre los activos en lugar de la rotación del capital productivo. Así, el capitalista rentista no necesita transformar el capital en mercancías productivas para valorizarlo, sino que valoriza el valor-capital directamente de los pagos por el uso de estos activos. En el capitalismo rentista, la rotación del capital se desacelera, ya que los activos rentistas no están sujetos a la misma necesidad de pasar por el ciclo de producción y circulación de mercancías. En el capitalismo rentista, el capital fijo adopta una forma diferente: se centra en activos como el capital inmobiliario o la propiedad intelectual, cuya característica principal es mantener su capacidad de generar ingresos de manera prolongada. En lugar de transferir su valor a través de la producción de mercancías, los activos rentistas retienen su valor y lo amplifican al controlar el acceso a ellos, garantizando una fuente de ingresos continua sin el desgaste que experimenta el capital fijo en el ciclo productivo. En el capitalismo rentista, la valorización del valor-capital no proviene de la producción directa, sino de la extracción de rentas sobre los activos monopolizados. La dinámica de valorización del valor-capital, también presenta nuevas configuraciones sociales en el capitalismo de plataforma. Las grandes empresas monopólicas actúan como intermediarios que facilitan la circulación de capital y capturan valor sin participar activamente en la producción. En lugar de invertir en la producción de mercancías, las plataformas digitales externalizan los costos y riesgos de producción a terceros (proveedores, conductores, vendedores), mientras controlan y gestionan el flujo de información, datos y transacciones. Las plataformas digitales no poseen los medios de producción ni emplean directamente la fuerza de trabajo que produce las mercancías o servicios; en cambio, intermedian y gestionan las transacciones, capturando el valor generado por los terceros que usan su infraestructura. Estas plataformas gestionan la circulación de capital, cobrando por el uso de su infraestructura y generando ingresos a través de comisiones, tarifas y el control de datos. De esta manera, en el capitalismo de plataforma, la rotación del capital y su valorización se acelera significativamente debido a la naturaleza digital del proceso. En el capitalismo de plataforma el valor se genera a través de la explotación de los datos y la optimización algorítmica. En el capitalismo gestor de activos, el capital no pasa por un ciclo de producción tradicional, sino que se centra en la acumulación financiera y la gestión de activos, donde el capital se valoriza a través de la posesión de acciones y bonos y la influencia en las decisiones corporativas, sin necesidad de controlar directamente los procesos de producción. El capital productivo en este contexto es abstracto, ya que los gestores de activos no están interesados en la producción de bienes o servicios, sino en maximizar la rentabilidad financiera. La producción y el trabajo se convierten en un medio indirecto para el capital financiero, que valoriza el valor-capital a través de la manipulación de portafolios de inversión y la gestión de riesgos financieros. En el capitalismo gestor de activos, la fase de circulación mercantil es reemplazada por la circulación financiera, y la fase productiva es substituida por la gestión financiera. De aquí que, el proceso de valorización del valor-capital es más rápido y a escala global.
En el capitalismo “precario” la precariedad es el resultado de la intensificación de las lógicas capitalistas de valorización del capital. La búsqueda de maximizar el plusvalor en el menor tiempo posible ha llevado a la externalización de riesgos (delegar a otras empresas partes clave de sus operaciones, como la producción, la contratación de empleados, los beneficios sociales, etc.), y la desregulación del mercado laboral, lo que ha profundizado la inseguridad laboral. La precariedad laboral es una nueva forma sociohistórica de explotación laboral, en la que los trabajadores, al ser externalizados o subcontratados, enfrentan mayores niveles de incertidumbre. El proceso de valorización del valor-capital, por lo tanto, continúa funcionando a través de la explotación del trabajo, pero en lugar de explotar una fuerza de trabajo estable, el capitalismo “precario” explota a una fuerza de trabajo cada vez más fragmentada y vulnerable. El capitalismo “precario” se basa en la reducción y fragmentación del capital variable mediante la precariedad estructural. Esto significa que los trabajadores no solo reciben salarios más bajos, sino que también pierden derechos laborales y estabilidad, lo que maximiza la capacidad del capitalista de valorizar el valor-capital.
En el capitalismo caníbal el proceso de acumulación de capital no se limita solo a la explotación de la fuerza de trabajo para generar plusvalor. Desde su lógica autodestructiva, el capitalismo caníbal comienza a depredar sistemáticamente todos los recursos que sostienen tanto la producción como la reproducción social, destruyendo las bases sobre las cuales puede continuar acumulando. Este canibalismo se manifiesta en varios niveles: la explotación de la naturaleza, el despojo de las comunidades de las estructuras de apoyo social y la destrucción de la democracia. Mientras que en la teoría marxista clásica el capital se valoriza mediante la explotación del trabajo en ciclos repetitivos, en el capitalismo caníbal este proceso de valorización del valor-capital se vuelve autodestructivo.
[1] Escrito en base a: Guerrero, D. (2008). Un resumen completo de El capital de Marx (Maia), y ChatGPT. (2024)



2 respuestas a “Modos de Producción Capitalista[1]”
Profesor, como cree que vaya a afectar los robots que tienen AI?
https://www.youtube.com/watch?v=I_TgZf7Lx24
Suponiendo que ahora la fuerza de trabajo (FT) podrá cambiar todas las variables
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Querido Luis. El desarrollo de las fuerzas productivas es propio del carácter revolucionario del sistema económico. En las economías más desarrolladas las transformaciones son y serán cada vez más disruptivas, lo que implica la formación de nuevas realidades, lo que nos lleva a buscar nuevas categorías de análisis. Sin embargo en países y regiones de menor desarrollo de las fuerzas productivas, la categoría fuerza de trabajo es y será útil para el análisis. Un fuerte abrazo.-
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