Nuevas Configuraciones de Valor Social[1]

El capitalismo contemporáneo ha desarrollado nuevas formas de extracción de valor social, intensificación de la explotación, creación de precariedad y destrucción de la vida; todo mientras mantiene las dinámicas fundamentales descritas por Marx.

Marx explica que la ganancia es una forma mistificada del plusvalor, y que el capitalista percibe el plusvalor como ganancia derivada del capital adelantado, ocultando el verdadero origen de la explotación laboral.

En el capitalismo de vigilancia, Zuboff (2019) argumenta que la extracción de datos personales en plataformas digitales refleja una nueva forma de extracción de valor social donde el comportamiento de los usuarios se comercializa y convierte en ganancia, sin que los usuarios sean conscientes del valor social que generan. Esta ganancia, al igual que el plusvalor en el capitalismo clásico, aparece ocultada bajo la fachada de servicios «gratuitos». Los usuarios perciben el acceso a las plataformas digitales como un intercambio de servicios, cuando en realidad, su comportamiento y datos son capturados, analizados y comercializados, lo que genera valor social para las corporaciones tecnológicas. Aquí, el capitalista no explota directamente la fuerza de trabajo, sino los datos generados por los usuarios, enmascarando el nuevo proceso de valorización del capital.

Marx explica que la tasa de ganancia se incrementa con la aceleración del ciclo de rotación del capital. En el capitalismo industrial, los avances tecnológicos y las mejoras en las comunicaciones reducen el tiempo de producción y circulación, permitiendo una valorización más rápida del capital. En el capitalismo de vigilancia, las plataformas digitales aceleran el ciclo de captura de datos y la comercialización de estos, logrando que el valor social se genere y acumule en tiempo real. Zuboff (2019) señala que, en esta nueva forma de capitalismo, la recolección y análisis continuo de datos permite un proceso de monetización instantáneo, donde las empresas pueden predecir y moldear el comportamiento de los usuarios para maximizar su ganancia.

En el capitalismo de vigilancia, las plataformas digitales aceleran el ciclo de captura de datos y la comercialización de estos, logrando que el valor social se genere y acumule en tiempo real.

En el análisis clásico de Marx, la competencia entre capitalistas lleva a una redistribución del plusvalor producido por los trabajadores entre distintos sectores, lo que genera una tasa media de ganancia. En el capitalismo de vigilancia, la redistribución del valor social se refleja en la competencia entre plataformas por capturar la mayor cantidad de datos posibles de los usuarios. Las grandes empresas tecnológicas no solo compiten por generar productos o servicios, sino por monopolizar la información y controlar los mercados de predicción del comportamiento. De manera análoga a cómo los capitalistas industriales se apropian del plusvalor, las plataformas digitales compiten por maximizar el valor social extraído de los hábitos, interacciones y preferencias de los usuarios.

Marx describe el fetichismo del capital a interés como una forma de alienación donde el capital parece generar valor por sí mismo, ocultando su dependencia del trabajo explotado. En el capitalismo de vigilancia, Zuboff (2019) expone que el capital generado por el análisis de datos y la vigilancia comportamental parece funcionar de manera autónoma, ocultando la explotación de los sujetos vigilados. Las plataformas tecnológicas actúan como si el valor social surgiera mágicamente de la acumulación de datos, sin que los usuarios sean conscientes de que sus acciones están siendo explotadas para crear valor social para las empresas.

Marx señala que, aunque la composición orgánica del capital puede aumentar y reducir la tasa de ganancia, la acumulación capitalista encuentra sus límites en la sobreproducción y las crisis económicas. En el capitalismo de vigilancia, Zuboff (2019) argumenta que los datos se han convertido en un nuevo recurso que permite una acumulación ilimitada. Al igual que el plusvalor en el sistema clásico, los datos se extraen continuamente, pero en este caso, las crisis de sobreproducción toman una nueva forma: saturación de datos, vigilancia excesiva, o pérdida de confianza de los usuarios en las plataformas. Sin embargo, al igual que en la teoría de Marx, este sistema también enfrenta límites, en este caso, el agotamiento de la privacidad y las tensiones éticas sobre el control digital.

Las grandes empresas tecnológicas no solo compiten por generar productos o servicios, sino por monopolizar la información y controlar los mercados de predicción del comportamiento.

De manera similar, Srnicek (2017) señala que, en el capitalismo de plataforma, las plataformas como Amazon o Uber acumulan valor social al extraer datos y trabajo de los usuarios y colaboradores sin ofrecer una compensación proporcional. Así como el capitalista industrial se apropia del plusvalor generado por los trabajadores, las plataformas digitales capturan valor social a través de la intermediación digital, presentando la ganancia como algo generado por la plataforma misma, en lugar de reconocer la contribución del trabajo explotado.

Marx explica cómo la ganancia capitalista se deriva de la explotación de la fuerza de trabajo y cómo el plusvalor, generado por el trabajo no remunerado, se transforma en ganancia. En el capitalismo de plataforma, según Srnicek (2017), las plataformas digitales como Uber, Amazon o Facebook también se basan en la explotación del trabajo, aunque en este caso, el trabajo muchas veces es el de los propios usuarios o colaboradores que generan datos o proporcionan servicios sin recibir compensación proporcional. Las plataformas acumulan valor social a través de la extracción de datos y la intermediación, similar a la forma en que el capitalista industrial se apropia del plusvalor generado por los trabajadores.

Marx señala que la tasa de ganancia está influenciada por el tiempo de rotación del capital, es decir, cuanto más rápido se rota el capital (ya sea en producción o circulación), mayor es la masa de ganancia. En el capitalismo de plataforma, Srnicek (2017) explica que las plataformas buscan acelerar la rotación de capital mediante la optimización de flujos de datos y transacciones en tiempo real. El uso de algoritmos y tecnologías de automatización permite reducir al mínimo el tiempo entre la oferta y la demanda, maximizando las ganancias, lo cual resuena con la lógica descrita por Marx de aumentar la tasa de ganancia mediante la reducción del tiempo de circulación del capital.

Marx detalla cómo la competencia intercapitalista lleva a una redistribución del plusvalor a través de la tasa media de ganancia, así como tiende a nivelar las tasas de plusvalor entre los capitalistas, y cómo las composiciones orgánicas del capital varían entre sectores, lo que conduce a una redistribución del plusvalor generado por el capital social en su conjunto. En el capitalismo de plataforma, la competencia también es un factor clave, pero con una diferencia importante: las plataformas digitales tienden a crear monopolios naturales debido a las economías de red. Las plataformas como Google o Facebook monopolizan la información y el acceso a los usuarios, lo que les permite capturar una parte desproporcionada del valor social generado por los usuarios, asimismo, logran consolidar su dominio al hacer que su valor aumente exponencialmente conforme más usuarios se suman, lo que les permite dominar el mercado y extraer ganancias monopólicas.

Marx expone que la ganancia media no proviene directamente del capital invertido en cada sector, sino de la redistribución del plusvalor global generado por el trabajo social. En el capitalismo de plataforma, esta lógica también se aplica, pero el valor social que se genera y se redistribuye proviene del control de datos y usuarios. Las plataformas, al ser intermediarios en diferentes sectores (transporte, comercio, comunicaciones, etc.), capturan una porción del valor social generado por trabajadores, usuarios y productores, similar a cómo los capitalistas industriales redistribuyen el plusvalor generado en diferentes sectores.

Marx habla de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, que se ve contrarrestada por varias contratendencias, como la explotación intensificada del trabajo o la reducción del salario. En el capitalismo de plataforma, Srnicek (2017) argumenta que las plataformas logran resistir la tendencia decreciente de la tasa de ganancia mediante la maximización del control de datos y la expansión a través de múltiples mercados. Las plataformas no solo operan en un sector, sino que se diversifican en otros, como la venta de publicidad, la logística, o los servicios en la nube, lo que les permite mantener su rentabilidad a pesar de las crisis en sectores específicos.

Marx describe el capital comercial como aquel que facilita la circulación de mercancías sin crear valor directamente. Las plataformas, según Srnicek, actúan de manera similar al capital comercial en el sentido de que no producen valor social en sí mismas, sino que intermedian en la circulación de productos, servicios y datos. Sin embargo, logran extraer ganancias al apropiarse de una porción del valor social generado en la producción. Por ejemplo, Amazon no produce directamente los productos que vende, pero al actuar como intermediario entre productores y consumidores, extrae una parte del valor social en cada transacción.

Marx analiza la renta derivada de la propiedad de la tierra en el capitalismo clásico, donde los terratenientes capturan una cuota del plusvalor sin participar en la producción. Srnicek (2017) muestra que, las plataformas digitales han adquirido una función similar al apropiarse del control de la infraestructura digital (servidores, datos, algoritmos) que es esencial para la producción y circulación de valor social. Las plataformas imponen rentas a aquellos que dependen de su infraestructura, cobrando comisiones y tarifas por el acceso a sus ecosistemas.

Los rentistas, que controlan activos estratégicos como la tierra, la infraestructura o los bienes raíces, capturan valor social sin tener que competir directamente en el mercado de producción.

Por otro lado, Christophers (2020) muestra cómo, en el capitalismo rentista, la competencia no funciona de la misma manera que en el capitalismo industrial. Los rentistas, que controlan activos estratégicos como la tierra, la infraestructura o los bienes raíces, capturan valor social sin tener que competir directamente en el mercado de producción. Este control sobre activos monopolizados limita la competencia y permite extraer rentas de manera similar a la ganancia capitalista industrial, pero sin el mismo proceso productivo subyacente.

Las rentas extraídas a partir del control de activos estratégicos se presentan como formas legítimas de ingreso, ocultando el hecho de que, al igual que la ganancia capitalista industrial, no se generan a través de la producción de valor, sino a través de la apropiación. El rentista se apropia del valor social creado en otras partes del sistema económico.

Marx habla de la renta absoluta, que se genera incluso en las tierras de peor calidad debido a la barrera monopólica que la propiedad de la tierra impone sobre el acceso a los recursos. Este concepto se refleja en el capitalismo rentista de Christophers (2020), donde las rentas no solo se derivan de la propiedad de la tierra, sino también de la propiedad de otros activos esenciales (infraestructura, redes de transporte, energía, datos, etc.). Esta lógica de monopolización de recursos se ha intensificado en el capitalismo contemporáneo, donde gran parte del poder económico proviene del control de activos escasos y su explotación a través del cobro de rentas. Esto les permite garantizar ingresos estables a través de la propiedad de recursos clave, lo que refleja un cambio importante en la lógica capitalista: el énfasis ha pasado de la producción y competencia directa por la ganancia a la captura de rentas a través de la propiedad.

La nueva lógica de monopolización de recursos estratégicos se ha intensificado en el capitalismo contemporáneo, donde gran parte del poder económico proviene del control de activos escasos y su explotación. El énfasis ha pasado de la producción y competencia directa por la ganancia, a la captura de rentas a través de la propiedad.

Marx plantea que la tasa de ganancia tiende a disminuir a medida que aumenta la composición orgánica del capital (más capital constante y menos trabajo vivo), lo que genera tensiones internas en el sistema capitalista. Para contrarrestar esta tendencia, el capital busca contratendencias como la reducción de salarios o el abaratamiento del capital constante. En el capitalismo rentista de Christophers (2020), una de las formas en que el sistema capitalista ha respondido a la baja de la tasa de ganancia es mediante la expansión de la captura de rentas. En lugar de depender exclusivamente de la producción de valor a través de la explotación directa del trabajo, los capitalistas rentistas se han volcado hacia la acumulación de ingresos a través del control de activos estratégicos. Esto permite una forma de estabilización del ingreso económico sin necesidad de competir en los mercados productivos, y puede ser vista como una respuesta estructural a las crisis recurrentes del capitalismo contemporáneo.

Marx critica la fórmula trinitaria que sugiere que el valor de los productos proviene de tres factores independientes: capital (ganancia), suelo (renta) y trabajo (salario). Para Marx, esta fórmula es una distorsión de la realidad, ya que desvincula la creación de valor de su verdadera fuente: el trabajo social. Christophers (2020), en su análisis del capitalismo rentista, también pone énfasis en cómo la renta se ha vuelto central en el capitalismo contemporáneo, pero en su forma más avanzada, las rentas no se limitan a la tierra. Hoy en día, se extraen rentas de una amplia gama de activos monopolizados, como la propiedad intelectual, los datos, la tecnología, y las infraestructuras críticas. Este énfasis en la renta como fuente primaria de riqueza muestra una evolución del capitalismo hacia una forma más extractiva, donde la captura de valor a través del control de activos desplaza el papel de la producción directa. El capitalismo contemporáneo está marcado por una tendencia creciente hacia la financierización y la captura de valor mediante la apropiación de derechos exclusivos sobre ciertos bienes, recursos y servicios.

En el capitalismo rentista una de las formas en que el sistema capitalista ha respondido a la baja de la tasa de ganancia es mediante la expansión de la captura de rentas.

Marx describe cómo la ganancia aparece como un excedente sobre el precio de costo, ocultando la explotación del trabajo. En el capitalismo gestor de activos descrito por Braun (2022), el rol del capital cambia de la producción directa de mercancías a la gestión y control de activos financieros. Las empresas de gestión de activos, como BlackRock o Vanguard, no participan directamente en la producción, sino que canalizan y gestionan enormes volúmenes de capital, influyendo en las decisiones de las empresas sobre cómo extraer y distribuir valor social. Aquí, la ganancia no se basa únicamente en la producción, sino en la acumulación y circulación de capital financiero, lo que introduce una nueva capa de intermediación que oculta aún más la relación directa con el trabajo asalariado, pero sigue dependiendo de la apropiación del plusvalor generado en la economía real.

Marx enfatiza que el capital invertido en el proceso productivo se divide entre capital constante (c) y capital variable (v), y que la tasa de ganancia disminuye cuando aumenta la proporción de capital constante en relación con el capital variable. Esto refleja la tendencia del capitalismo industrial a aumentar el uso de tecnología y maquinaria (capital constante), lo que reduce el empleo de trabajadores (capital variable).

En el capitalismo gestor de activos, según Braun (2022), esta relación se reconfigura. En lugar de depender de la explotación directa del trabajo social, las firmas de gestión de activos dependen de la apreciación de activos financieros y de la valoración del capital invertido. Esto no elimina la necesidad de explotación del trabajo, pero la desvincula aún más de la producción directa. Las decisiones sobre inversión en activos productivos se toman con el objetivo de maximizar los retornos financieros, lo que refuerza la tendencia de priorizar el capital constante sobre el capital variable.

Marx menciona que, en el capitalismo industrial, la ganancia parece derivar del capital invertido en lugar del trabajo explotado, lo que es una distorsión de la realidad económica. Este fenómeno se agudiza en el capitalismo de gestión de activos, donde las ganancias se perciben como el resultado de la apreciación de activos financieros y no del plusvalor generado por el trabajo. Según Braun, los gestores de activos obtienen beneficios al manejar grandes volúmenes de capital y generar rendimientos a través de la revalorización de activos, no directamente por la producción de mercancías o servicios. Esto refuerza la desconexión entre el proceso de producción real y la fuente de ganancia, ocultando aún más el papel central de la explotación del trabajo en la creación de valor social.

En el capitalismo gestor de activos las empresas gestoras de activos están en el centro de la centralización de capitales, ya que controlan grandes porciones del capital mundial, influyendo en las decisiones estratégicas de miles de empresas. A través de este control, las firmas gestoras de activos pueden dirigir flujos de capital hacia sectores más rentables, consolidando aún más el poder de grandes corporaciones y limitando la creación de nuevos capitales autónomos

Marx sostiene que, a través de la competencia intercapitalista, las tasas de ganancia tienden a nivelarse entre sectores, y los capitalistas buscan constantemente maximizar sus retornos a través de la concentración de capital. Este proceso lleva a la centralización del capital y la expropiación de pequeños productores, algo que también es evidente en el capitalismo contemporáneo de gestión de activos. Braun (2022) argumenta que las empresas gestoras de activos están en el centro de esta centralización, ya que controlan grandes porciones del capital mundial, influyendo en las decisiones estratégicas de miles de empresas. A través de este control, las firmas gestoras de activos pueden dirigir flujos de capital hacia sectores más rentables, consolidando aún más el poder de grandes corporaciones y limitando la creación de nuevos capitales autónomos, similar a la concentración del capital en el sistema descrito por Marx.

Marx también explora las crisis del capitalismo, que surgen cuando el capital acumulado no puede ser valorado a una tasa adecuada, lo que provoca la desvalorización del capital. En el capitalismo gestor de activos, este proceso de crisis se manifiesta cuando las burbujas especulativas en los mercados financieros explotan, desvalorizando activos en masa y generando inestabilidad en los mercados. Las crisis financieras, como la de 2008, son ejemplos de cómo la sobreacumulación de capital financiero puede llevar a una parálisis en la producción y la destrucción de valor social en el sistema, reflejando las mismas contradicciones internas del capitalismo industrial que Marx ya había identificado.

Azmanova (2020), en su análisis del capitalismo contemporáneo, se enfoca en la precariedad estructural. En esta fase del capitalismo, el trabajo sigue siendo explotado, pero ahora dentro de un contexto de inestabilidad crónica. La ganancia capitalista ya no depende solo de la explotación del trabajo, sino también de la creación de condiciones de trabajo precarias e inseguras, donde la flexibilidad y la inestabilidad laboral permiten al capital obtener mayores ganancias mediante la reducción de costos laborales. Esto refleja una nueva forma de extraer plusvalor, ya que la precarización de los trabajadores se convierte en una estrategia clave para maximizar las ganancias, lo cual está alineado con la lógica capitalista industrial de la explotación del trabajo.

Azmanova (2020) sostiene que, en el capitalismo contemporáneo, la competencia entre capitalistas ha resultado en una normalización de la precariedad estructural. Esto significa que la competencia no solo está dirigida a reducir costos mediante la explotación del trabajo, sino que se ha extendido hacia la creación de entornos laborales inseguros y altamente flexibles como una forma de adaptarse a la presión competitiva. En lugar de mejorar las condiciones laborales, los capitalistas contemporáneos se benefician de la fragmentación del trabajo y la precarización de los trabajadores, lo que permite reducir los costos de mano de obra y aumentar la flexibilidad operativa en un entorno de competencia global.

En el capitalismo de la precariedad estructural de Azmanova (2020), la lógica de acumulación de capitales se traduce en la búsqueda de formas de empleo más baratas y flexibles para compensar la presión sobre las ganancias. En lugar de enfrentarse únicamente a la crisis de rentabilidad con el aumento de la explotación directa, el capitalismo contemporáneo recurre a la precarización del empleo como una manera de lidiar con la baja rentabilidad estructural. La proliferación de trabajos temporales, de medio tiempo, por contrato y con poca protección social, son ejemplos de cómo la precariedad laboral se ha institucionalizado para sostener la rentabilidad en un entorno económico cada vez más volátil y competitivo.

Marx también señala que la acumulación de capital y la concentración del capital en manos de pocos genera la expropiación de pequeños productores y una mayor centralización del poder económico. Esto conduce a una crisis de sobreproducción y a la incapacidad del capital para valorizarse de manera adecuada.

Azmanova (2020) ve una continuidad en esta lógica, pero en el contexto de la precariedad estructural, argumenta que la centralización del capital no solo conduce a la expropiación de pequeños productores, sino que genera nuevas formas de desigualdad y precariedad a gran escala. Las grandes corporaciones, al concentrar poder y capital, imponen condiciones laborales precarias en sectores cada vez más amplios de la economía. De esta manera, la precariedad ya no es un fenómeno marginal, sino que se ha convertido en una característica estructural del capitalismo contemporáneo, afectando incluso a trabajadores altamente cualificados y a sectores que anteriormente disfrutaban de estabilidad.

Marx describe cómo el trabajo asalariado es explotado bajo el capitalismo industrial, y cómo el valor social creado por el trabajo social es apropiado por los capitalistas. El proceso de producción y distribución está organizado para maximizar el plusvalor y distribuirlo entre los capitalistas en forma de ganancias.

En el contexto del capitalismo de precariedad estructural, la centralización del capital no solo conduce a la expropiación de pequeños productores, sino que genera nuevas formas de desigualdad y precariedad a gran escala. Las grandes corporaciones, al concentrar poder y capital, imponen condiciones laborales precarias en sectores cada vez más amplios de la economía.

Azmanova (2020) observa que, en el capitalismo de la precariedad estructural, la explotación del trabajo no ha disminuido, sino que ha adoptado nuevas formas. La precarización del trabajo es una estrategia para seguir extrayendo valor social, pero en un contexto en el que los trabajadores tienen menos seguridad, menos derechos y menos estabilidad. El trabajo precario es más vulnerable a la explotación y genera menos capacidad de resistencia colectiva. En este sentido, el proceso de explotación descrito por Marx continúa en el capitalismo contemporáneo, pero ahora bajo condiciones de trabajo cada vez más inseguras e inestables.

Para Fraser (2022), el capitalismo caníbal representa una etapa donde el sistema capitalista no solo explota la fuerza de trabajo, sino que también devora las bases de su propia existencia, lo que resuena con la crítica de Marx al sistema capitalista que se basa en la extracción de valor de fuerzas productivas no siempre reconocidas, como la naturaleza y la reproducción social. Marx subraya que, a medida que el capitalismo se desarrolla, la concentración y centralización del capital aumenta, expropiando a pequeños productores y limitando la creación de nuevos capitales autónomos. Este proceso genera una sobreacumulación de capital que provoca crisis cíclicas, ya que el capital acumulado no puede ser valorado adecuadamente en ciertos momentos, lo que lleva a la desvalorización del capital.

En el análisis de Fraser (2022), el capitalismo caníbal también se caracteriza por la concentración del capital, pero en esta fase, el sistema capitalista no solo canibaliza el trabajo y los recursos, sino que devasta ecosistemas, comunidades y estructuras sociales enteras, todo en nombre de la acumulación de ganancias a corto plazo. Esta «canibalización» de las bases que sustentan la vida humana y ecológica lleva a un capitalismo autodestructivo, en el que la explotación se intensifica a niveles extremos, incluyendo la explotación de la naturaleza hasta sus límites.

El capitalismo caníbal representa una etapa donde el sistema capitalista no solo explota la fuerza de trabajo, sino que también devora las bases de su propia existencia

Marx señala que las crisis capitalistas ocurren cuando el capital acumulado no puede ser valorizado a una tasa adecuada, lo que provoca una desvalorización del capital. Estas crisis son intrínsecas al sistema, ya que reflejan sus contradicciones internas, donde la sobreacumulación de capital choca con la capacidad del sistema para continuar generando valor. Fraser (2022) coincide en que el capitalismo caníbal enfrenta crisis similares, pero en una escala más profunda y amplia. En lugar de desvalorización únicamente económica, el canibalismo capitalista conduce a crisis multidimensionales, que incluyen la destrucción de la biodiversidad, la crisis climática, y la descomposición social. Esta fase avanzada del capitalismo ya no se trata solo de encontrar formas de superar las crisis económicas, sino de lidiar con el colapso ambiental y social que el sistema mismo ha precipitado.

A Manera de Síntesis

El capitalismo contemporáneo ha desarrollado nuevas formas de extracción de valor social, intensificación de la explotación, creación de precariedad y destrucción de la vida; todo mientras mantiene las dinámicas fundamentales descritas por Marx.

En el capitalismo de vigilancia, las plataformas digitales aceleran el ciclo de captura de datos y la comercialización de estos, logrando que el valor social se genere y acumule en tiempo real. Las grandes empresas tecnológicas no solo compiten por generar productos o servicios, sino por monopolizar la información y controlar los mercados de predicción del comportamiento. Así como el capitalista industrial clásico se apropiaba del plusvalor generado por los trabajadores, las plataformas digitales capturan valor social a través de la intermediación digital, presentando la ganancia como algo generado por la plataforma misma. El uso de algoritmos y tecnologías de automatización permite reducir al mínimo el tiempo entre la oferta y la demanda, maximizando las ganancias, lo cual resuena con la lógica descrita por Marx de aumentar la tasa de ganancia mediante la reducción del tiempo de circulación del capital. Las plataformas como Google o Facebook monopolizan la información y el acceso a los usuarios, lo que les permite capturar una parte desproporcionada del valor social generado por los usuarios, asimismo, logran consolidar su dominio al hacer que su valor aumente exponencialmente conforme más usuarios se suman, lo que les permite dominar el mercado y extraer ganancias monopólicas. Las plataformas no solo operan en un sector, sino que se diversifican en otros, como la venta de publicidad, la logística, o los servicios en la nube, lo que les permite mantener su rentabilidad a pesar de las crisis en sectores específicos.

En el capitalismo rentista, los rentistas, que controlan activos estratégicos como la tierra, la infraestructura o los bienes raíces, capturan valor social sin tener que competir directamente en el mercado de producción. Este control sobre activos monopolizados limita la competencia y permite extraer rentas de manera similar a la ganancia capitalista industrial, pero sin el mismo proceso productivo subyacente. La nueva lógica de monopolización de recursos estratégicos se ha intensificado en el capitalismo contemporáneo, donde gran parte del poder económico proviene del control de activos escasos y su explotación. El énfasis ha pasado de la producción y competencia directa por la ganancia, a la captura de rentas a través de la propiedad. En el capitalismo rentista, una de las formas en que el sistema capitalista ha respondido a la baja de la tasa de ganancia es mediante la expansión de la captura de rentas.

En el capitalismo gestor de activos las empresas gestoras de activos están en el centro de la centralización de capitales, ya que controlan grandes porciones del capital mundial, influyendo en las decisiones estratégicas de miles de empresas. A través de este control, las firmas gestoras de activos pueden dirigir flujos de capital hacia sectores más rentables, consolidando aún más el poder de grandes corporaciones y limitando la creación de nuevos capitales autónomos. En el capitalismo gestor de activos, este proceso de crisis se manifiesta cuando las burbujas especulativas en los mercados financieros explotan, desvalorizando activos en masa y generando inestabilidad en los mercados. Las crisis financieras, como la de 2008, son ejemplos de cómo la sobreacumulación de capital financiero puede llevar a una parálisis en la producción y la destrucción de valor social en el sistema. En el capitalismo gestor de activos, la relación entre el capital constante y el capital variable se reconfigura. En lugar de depender de la explotación directa del trabajo social, las firmas de gestión de activos dependen de la apreciación de activos financieros y de la valoración del capital invertido.

En el contexto del capitalismo de precariedad estructural, la centralización del capital no solo conduce a la expropiación de pequeños productores, sino que genera nuevas formas de desigualdad y precariedad a gran escala. Las grandes corporaciones, al concentrar poder y capital, imponen condiciones laborales precarias en sectores cada vez más amplios de la economía.

El capitalismo caníbal representa una etapa donde el sistema capitalista no solo explota la fuerza de trabajo, sino que también devora las bases de su propia existencia. El capitalismo caníbal también se caracteriza por la concentración del capital, pero en esta fase, el sistema capitalista no solo canibaliza el trabajo y los recursos, sino que devasta ecosistemas, comunidades y estructuras sociales enteras, todo en nombre de la acumulación de ganancias a corto plazo. Esta «canibalización» de las bases que sustentan la vida humana y ecológica lleva a un capitalismo autodestructivo, en el que la explotación se intensifica a niveles extremos, incluyendo la explotación de la naturaleza hasta sus límites.


[1] Elaborado en base a: Guerrero, Diego. (2008). Un resumen completo de El capital de Marx (Maia). Maia. y OpenAI. (2024). ChatGPT (versión GPT-4)