
Conflictos, Actores Dominantes y Luchas por Recursos Estratégicos en un Sistema Internacional en Transición Hegemónica
Resumen
La coyuntura internacional de 2025 evidencia una transición hegemónica marcada por guerras prolongadas, rivalidades geoeconómicas y una creciente militarización del sistema mundial. Los conflictos no son hechos aislados, sino expresiones de un patrón estructural impulsado por potencias y corporaciones que buscan controlar energía, minerales críticos, alimentos, rutas marítimas y tecnologías estratégicas. En este marco, América Latina —y Bolivia en particular— aparece como territorio en disputa, absorbiendo los costos económicos y políticos del reordenamiento global.
Ucrania. Laboratorio militar del nuevo orden
La guerra Rusia–Ucrania continúa en una fase de desgaste que fortalece al complejo militar-industrial y redefine la seguridad europea. Rusia intenta consolidar su esfera de influencia, mientras EE. UU. y la OTAN usan el conflicto para ampliar su presencia militar. Esto genera para la región presiones inflacionarias en combustibles, fertilizantes y alimentos; en Bolivia, se traduce en mayores costos de producción y presión fiscal.
Gaza. El derecho internacional tiene dueños
En Oriente Medio, la crisis de Gaza persiste pese al alto al fuego. Bombardeos, asedios y denuncias de actos genocidas muestran una asimetría estructural en la que Israel actúa con respaldo occidental. A ello se suma la reconfiguración de Siria tras la caída del régimen de Assad, que no trajo estabilidad, sino fragmentación en zonas controladas por Turquía, EE. UU., Rusia, Irán e Israel. Esta reordenación incrementa la volatilidad energética global e impacta las posturas diplomáticas de América Latina.
África. Espejo del nuevo neocolonialismo multipolar
En África, la guerra civil en Sudán y los conflictos en el Sahel confirman un neocolonialismo multipolar donde potencias como EAU, Egipto, Rusia, China y Turquía disputan minerales estratégicos y posiciones militares. Esto implica para América Latina mayor volatilidad en precios de materias primas y mayor presencia geopolítica de actores extra hemisféricos. En Bolivia, destacan los efectos en el precio del oro y presiones sobre recursos naturales.
El Mar Rojo militarizado encarece el mundo entero
La militarización del Mar Rojo y del estrecho de Bab el-Mandeb continúa encareciendo las rutas comerciales globales, afectando importaciones latinoamericanas y elevando costos logísticos, lo que intensifica la inflación estructural en países como Bolivia.
EE. UU. y China convierten a América Latina en tablero de disputa
La rivalidad sistémica EE. UU.–China estructura el nuevo orden global. Ambos compiten por supremacía tecnológica (IA, chips, datos, telecomunicaciones) y por influencia en América Latina. La región experimenta un nuevo ciclo de dependencia exportadora hacia China mientras enfrenta presiones de EE. UU. para controlar sectores estratégicos. En Bolivia, las reservas de litio la convierten en un nodo crítico de esta disputa, con riesgos de sanciones, condicionamientos diplomáticos y nuevas formas de dependencia tecnológica.
BRICS+ No rompe la lógica del capitalismo global
La expansión del BRICS+ ofrece alternativas financieras y geopolíticas, pero mantiene un modelo extractivista que redistribuye cuotas de poder sin transformar las lógicas del capitalismo global. Para Bolivia, representa oportunidades de financiamiento para energía y litio, pero también riesgos de dependencia excesiva hacia China y tensiones con EE. UU.
En suma, el sistema internacional vive una crisis de gobernanza. La ONU debilitada, la OTAN fortalecida y organismos financieros utilizados como instrumentos de presión. América Latina enfrenta mayores costos económicos, pérdida de autonomía estratégica y creciente conflictividad social. Bolivia llega a este escenario con crisis fiscal, fragmentación política y vulnerabilidad externa, lo que limita su margen de maniobra. En un mundo que premia la subordinación y castiga la debilidad, Bolivia requiere un proyecto nacional sólido, una diplomacia estratégica y una ciudadanía capaz de identificar los intereses en disputa en el tablero global.



Desarrollo
El año 2025 confirma que la crisis del orden mundial no es un episodio aislado ni una anomalía regional. Es el resultado de la descomposición de un sistema global que combina desigualdades extremas, guerras prolongadas, disputas geoeconómicas entre potencias y una economía internacional cada vez más militarizada. Este escenario no solo redefine la política internacional, sino que condiciona de manera directa la situación económica, política y social de América Latina y, particularmente, de Bolivia.
El lector no debe perder de vista una idea clave. Los conflictos no son independientes; forman parte de un patrón común guiado por los intereses de las élites globales, potencias dominantes y corporaciones transnacionales, cuya prioridad es preservar el control sobre energía, alimentos, minerales críticos, rutas marítimas y sistemas financieros. Las naciones periféricas —entre ellas las latinoamericanas— absorben los costos humanos, económicos y ambientales de este reordenamiento violento del sistema mundial.
Cuadro 1. Los Conflictos en el Orden global (a)

Elaboración propia con asistencia de ChatGPT, a partir del análisis de la coyuntura internacional y geopolítica (2025).
Ucrania. La guerra proxy[1] que alimenta el complejo militar-industrial
A casi tres años del inicio de la invasión rusa, la guerra en Ucrania ha entrado en una fase de desgaste que beneficia únicamente a los grandes productores de armas y a los bloques militares que disputan hegemonía global. Rusia ha desplegado entre 620.000 y 700.000 efectivos en 2025, consolidando una estrategia de avances graduales acompañados de golpes a infraestructuras críticas.
Las negociaciones de paz son inviables porque el conflicto funciona como un tablero de control geoestratégico. Para Rusia, frenar la expansión de la OTAN y asegurar áreas de influencia. Para Estados Unidos y la OTAN, convertir a Ucrania en su frontera militar y ensayar nuevos arsenales sin riesgo de una guerra directa. Para Europa, justificar el mayor gasto militar desde la Segunda Guerra Mundial.
La consecuencia para el Sur global, incluida América Latina, es una inflación persistente en alimentos, fertilizantes y combustibles, además de un reacomodo energético que incrementa la presión sobre minerales críticos como el litio, cobre y gas.
Cuadro 2. Los Conflictos en el Orden global (b)

Mas Conflictos
La caída del régimen sirio no significó liberación ni soberanía, significó rediseño geopolítico. El país quedó dividido en zonas de influencia entre Turquía, EE. UU., Rusia e Irán. El “nuevo orden” no es democrático ni estable, sino una forma de administración territorial pactada por actores externos que preservan rutas de gas, petróleo y seguridad regional.
La nueva etapa del conflicto en Gaza se inicia con el alto al fuego del 10 de octubre de 2025 entre Israel y Hamás. Aun así, continúan bombardeos selectivos, asedios a hospitales y restricciones severas a la ayuda humanitaria. Organismos de la ONU han advertido que Israel ha cometido cuatro de los cinco actos tipificados como genocidio, sin que ello altere el respaldo político y militar de Estados Unidos. La asimetría es brutal. Palestina enfrenta un ejército de ocupación, Israel actúa con impunidad diplomática; y las víctimas son mayoritariamente civiles.
El Mar Rojo en guerra. Los hutíes de Yemen —alineados con Irán— atacaron durante dos años buques en el Mar Rojo en respuesta a la guerra en Gaza. Aunque los ataques han disminuido, el efecto ya está hecho. La principal ruta comercial del mundo está militarizada, elevando costos globales y justificando la presencia permanente de EE. UU. y aliados en una zona geoestratégica vital.
África se encuentra entre golpes de Estado, guerras olvidadas y nuevas potencias depredadoras. África es hoy el escenario más crudo de la crisis sistémica.
En Sudán, más de 12 millones de personas desplazadas y una guerra civil alimentada por financiamiento externo (EAU, Egipto). En el Sahel, la caída de la hegemonía francesa abrió paso a nuevos actores como Rusia, China, Turquía y Emiratos Árabes. El patrón se repite. El continente es objeto de una nueva ola neocolonial, ahora multipolar, donde cada potencia busca controlar oro, petróleo, uranio, rutas migratorias y posiciones militares.
Estados Unidos vs. China. La rivalidad entre ambos poderes define el contenido y la tónica de los cambios y tendencias en el desorden global. EE. UU. intenta contener la expansión económica y tecnológica de China, mientras Pekín acelera su influencia en Asia, África y América Latina. ¿Qué significa esto para la región? Nuevo ciclo de dependencia creciente de exportaciones primarias hacia China (soya, minerales, gas, litio). Mayor presión de EE. UU. para controlar puertos, datos, telecomunicaciones y seguridad. Incremento de sanciones, vetos, listas negras y mecanismos de presión diplomática. Es decir, América Latina es un territorio en disputa, no un actor soberano del nuevo orden.
Cuadro 3. Los Conflictos en el Orden global (c)

Elaboración propia con asistencia de ChatGPT, a partir del análisis de la coyuntura internacional y geopolítica (2025).
BRICS+. Alternativa limitada y contradicciones internas
La ampliación del BRICS+ ha sido celebrada como un contrapeso al dominio occidental. Pero desde un enfoque crítico, la realidad es más compleja. El bloque combina economías emergentes con regímenes autoritarios y modelos extractivistas. No cuestiona la acumulación capitalista, solo redistribuye cuotas de poder hacia nuevas élites. Ofrece financiamiento y mercados, pero reproduce dependencia tecnológica y primarización exportadora. Bolivia[2] con el flamante gobierno nacional abre un frente de negociaciones y de alianza con EEUU, pero también corre el riesgo de convertirse en un proveedor barato de litio bajo nuevas formas de dependencia.
Los impactos para América Latina y Bolivia son sistémicos. Económicos. Alza en precios logísticos y energéticos. Mayor volatilidad en tipos de cambio. Demanda creciente de minerales críticos, con riesgo de expansión extractiva sin justicia ambiental ni social. Políticos. Resurgimiento de la Doctrina de Seguridad Hemisférica de EE. UU. Presión para reformas estructurales que reduzcan subsidios y aumenten apertura a capital extranjero. Riesgo de nuevas derechas ultraliberales respaldadas por élites globales. Sociales. Migraciones, precarización laboral y conflictividad. Tensiones territoriales por megaproyectos energéticos y mineros. Disputas entre movimientos sociales autónomos y gobiernos que negocian recursos estratégicos.
Tres desafíos inmediatos para Bolivia. Litio como campo de disputa global. EE. UU., China y BRICS compiten por acceso a reservas bolivianas, condicionando políticas internas.
Presión para ajustes fiscales. Organismos internacionales exigen reducción de subsidios y reformas promercado. Riesgo de recolonización extractiva. Los bloques globales ven a Bolivia como “territorio-mina”, no como Estado soberano.
Conclusión
La coyuntura internacional no es un paisaje lejano. Define el margen de maniobra de los gobiernos latinoamericanos y condiciona las posibilidades de desarrollo y soberanía.
Bolivia llega a este escenario con crisis fiscal, conflicto social, debilidad institucional y reconfiguración política interna, lo que la convierte en un actor frágil en un entorno altamente competitivo. Los próximos años aparecerán como una combinación de oportunidades y amenazas. Oportunidades para negociar mejores posiciones en cadenas globales de energía y minerales. Amenazas en la forma de presiones externas, endeudamiento condicionado, extractivismo acelerado y guerras que elevan la vulnerabilidad de países periféricos.
En un sistema internacional que castiga la debilidad y premia la subordinación, Bolivia necesita más que nunca un proyecto nacional, una diplomacia inteligente y una ciudadanía crítica capaz de identificar quién gana y quién pierde en cada movimiento de los actores globales.

Fuentes
- Informes y reportes sobre la guerra en Ucrania y su dinámica 2025. ACLED+3Ministerio de Defensa+3russiamatters.org+3
- Cobertura de la guerra en Gaza y el alto al fuego de octubre de 2025. Wikipedia+3Al Jazeera+3ABC+3
- Análisis sobre Siria pos-Assad y el gobierno transicional. AP News+5House of Commons Library+5Al Jazeera+5
- Informes humanitarios sobre Sudán y África saheliana. Al Jazeera+5Front page – US+5House of Lords Library+5
- Documentos sobre BRICS+, la rivalidad EE. UU.–China y la presencia china en América Latina. Med-Or+7Brics+7Wikipedia+7
- Análisis sobre la crisis del Mar Rojo y sus impactos en el comercio mundial. Reuters+7atlasinstitute.org+7Wikipedia+7
[1] Una guerra proxy, también conocida como guerra subsidiaria o guerra por delegación, es un conflicto armado en el que dos o más potencias utilizan a terceros como sustitutos para enfrentarse indirectamente, evitando así una confrontación directa. Tomado de: www.lisanews.org
[2] Si bien el Presidente Rodrigo Paz habla de relacionarse con todos los países, con el primero que ya se reunió fue con el Secretario de Estado Rubio. Esto indica – en primera instancia – que su inclinación está más apegada a los Estados Unidos





